Sala de exposiciones temporales

Exposiciones fotográficas de temática diversa – Carlos Carreter

Entre Loarre y Riglos

El final de diciembre de 2005 fue saludado en el Valle del Ebro por una espesa y persistente niebla, acompañada por temperaturas notablemente bajas, por debajo del cero, que se mantenían durante las veinticuatro horas del día. Como consecuencia, una capa de escarcha helada cubrió el Valle, que junto con la niebla le otorgaban en ocasiones un aspecto fantasmal. Cansados de tanta niebla, el día 26 de diciembre escapamos de Zaragoza en dirección al norte, buscando el sol y las oportunidades fotográficas que la interfaz entre la niebla y el terreno soleado nos podían deparar. A continuación os propongo un paseo que va desde los alrededores de Bolea, pasando por el Castillo de Loarre y Ayerbe, hasta Riglos, todo ello en la provincia de Huesca. Espero que os guste. Si tenéis algún comentario que realizar no dudéis en hacerlo a mi dirección de correo electrónico.

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La niebla se cierne entre Bolea y Loarre.

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Conforme nos acercamos al Castillo de Loarre, el cielo se abre y la luz del sol inunda los campos.

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En la distancia vemos cómo el Valle del Ebro, se encuentra cubierto por un frío y espeso manto de niebla.

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Dos desnudos árboles plantan guardia sobre las frías nieblas del valle.

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El castillo nos recibe con la inmensa mole de su cuerpo central.

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Las murallas del castillo trepan por la ladera del monte para alcanzar la majestuosa porte de su cuerpo principal.

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Recortado en contraluz contra el cielo y la niebla, el castillo descansa de sus glorias pasadas.

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En día de fiesta, tras la Navidad, la carretera entre Loarre y Ayerbe permanece desierta.

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Los campos están helados; ahora luce el sol, pero no hace mucho que la niebla los cubría.

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Unos altos chopos nos anuncian la cercanía del río Gállego y la proximidad de Ayerbe.

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Ayerbe se encuentra sumido en la niebla, pero a pocos kilómetros del pueblo hacia el norte, encontramos los primeros rayos de sol, sobre los árboles helados.

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Viejas ruinas aparecen doradas por los rayos del sol entre los heladas matas, secas por el invierno.

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Hacia el norte, el cielo se vuelve azul, pronto pasaremos de temperaturas bajo cero a una decena de agradables grados sobre el punto de congelación del rocío.

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La niebla y el hielo nos provoca la sensación de un paisaje monocromo, sin color, como las antiguas imágenes en blanco y negro.

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En Riglos, el hielo ha desaparecido, la luz del sol se vuelve dura, y da calma al entorno de los majestuosos mallos.

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A los pies de los mallos, la línea del tren espera solitaria a verse honrada por el esporádico paso de algún tren que, lentamente, una el valle con la montaña.

Written by Carlos

27 abril 2009 a 11:56

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